GUAMOTE, CHIMBORAZO.-La neblina propia del páramo pareció fundirse este sábado con las lágrimas de una comunidad que aún no encuentra consuelo. En Pull Chico, una zona rural del cantón Guamote, el silencio habitual se rompió por el llanto desgarrador de dos familias que tuvieron que enfrentar lo antinatural: despedir a sus hijos antes de tiempo.
Álex Daquilema Guanolema, de cinco años, y Luz Nancy Guanolema Guaraca, de seis, eran primos, Crecieron juntos bajo el cielo de Chimborazo, compartiendo juegos y la inocencia propia de su edad. Sin embargo, esa unión se selló trágicąmente el pasado jueves 11 de diciembre de 2025. Lo que debía ser un día cualquiera en el campo terminó en fatalidad cuando las aguas frías de un reservorio de riego agrícola apagaron sus risas para siempre.
El drama se intensificó por las distancias y el aislamiento. El padre de uno de los menores relató, con la voz quebrada por la impotencia, que el destino fue cru3l con él: al momento de la trag3dia se encontraba lejos de casa, trabajando en una zona sin señal telefónica. No supo que su mundo se derrumbaba hasta que regresó y recibió la noticia que ningún padre debería escuchar jamás.
Un pueblo unido en el dolor, ya que este sábado 13 de diciembre, Pull Chico se vistió de luto. Los comuneros, consternados, no dejaron solos a los deudos. En un acto de profunda solidaridad andina, vecinos y amigos llegaron con víveres y palabras de aliento, intentando sostener a quienes sentían que las fuerzas les faltaban.
Las escenas durante las honras fún3bres fueron conmovedoras.
No había palabras suficientes para calmar el llanto de las madres y padres frente a los pequeños féretros. Tras el velorio, una caravana de dolor trasladó a los niños hasta una iglesia cristiana de la localidad, donde se elevaron oraciones buscando paz para sus almas.
Finalmente, el cortejo fún3bre avanzó hacia el cem3nterio de Guamote, donde Álex y Luz recibieron el último adiós, quedando juntos en la memoria de su pueblo.
Una reflexión necesaria
La partida de Álex y Luz nos deja una lección dol0rosa que no podemos ignorar. Su ausencia nos recuerda la extrema fragilidad de la infancia y cómo, en cuestión de segundos, el entorno cotidiano puede convertirse en un riesgo mortal.
El agua, fuente de vida para nuestros campos, se tornó esta vez en trampa. Este suceso debe ser un llamado urgente a la conciencia de todos los adultos: los niñös requieren una supervisión constante, ojos que no se aparten y manos siempre listas para protegerlos. Cuidar de ellos es una misión que no admite distracciones, para que ningún otro juego termine en silencio.
La neblina propia del páramo pareció fundirse este sábado con las lágrimas de una comunidad que aún no encuentra consuelo. En Pull Chico, una zona rural del cantón Guamote, el silencio habitual se rompió por el llanto desgarrador de dos familias que tuvieron que enfrentar lo antinatural: despedir a sus hijos antes de tiempo.
Álex Daquilema Guanolema, de cinco años, y Luz Nancy Guanolema Guaraca, de seis, eran primos. Crecieron juntos bajo el cielo de Chimborazo, compartiendo juegos y la inocencia propia de su edad. Sin embargo, esa unión se selló trágicąm3nte el pasado jueves 11 de diciembre de 2025. Lo que debía ser un día cualquiera en el campo terminó en fatalidad cuando las aguas frías de un reservorio de riego agrícola ap4garon sus risas para siempre.
El drąma se intensificó por las distancias y el aislamiento. El padre de uno de los menores relató, con la voz quebrada por la imp0tencia, que el destino fue cru3l con él: al momento de la trag3dia se encontraba lejos de casa, trabajando en una zona sin señal telefónica. No supo que su mundo se derrūmbaba hasta que regresó y recibió la noticia que ningún padre debería escuchar jamás.
Un pueblo unido en el d0lor, ya que este sábado 13 de diciembre, Pull Chico se vistió de lut0. Los comuneros, const3rnados, no dejaron solos a los deudos. En un acto de profunda solidaridad andina, vecinos y amigos llegaron con víveres y palabras de aliento, intentando sostener a quienes sentían que las fuerzas les faltaban.
Las escenas durante las honras fún3bres fueron conm0vedoras. No había palabras suficientes para calmar el lląnto de las madres y padres frente a los pequęños fér3tros. Tras el velorio, una caravana de d0lor trasladó a los niñ0s hasta una iglesia cristiana de la localidad, donde se elevaron oraciones buscando paz para sus almąs. Finalmente, el cortejo fún3bre avanzó hacia el cem3nterio de Guamote, donde Álex y Luz recibieron el último adiós, quedando juntos en la memoria de su pueblo.
Una reflexión necesaria
La partïda de Álex y Luz nos deja una lección dol0rosa que no podemos ignorar. Su ausencia nos recuerda la extrema frägilidad de la infäncia y cómo, en cuestión de segundos, el entorno cotidiano puede convertirse en un ri3sgo m0rt4l.
El agua, fuente de vïdą para nuestros campos, se tornó esta vez en trampa. Este suceso debe ser un llamado urgente a la conciencia de todos los adultos: los niñös requieren una supervisión constante, ojøs que no se aparten y manos siempre listas para protegerlos. Cuidar de ellos es una misión que no admite distracciones, para que ningún otro juego termine en silencio. a dos primos que dejaron un vacío inmenso
La neblina propia del páramo pareció fundirse este sábado con las lágrimas de una comunidad que aún no encuentra consuelo. En Pull Chico, una zona rural del cantón Guamote, el silencio habitual se rompió por el llanto desgarrador de dos familias que tuvieron que enfrentar lo antinatural: despedir a sus hijos antes de tiempo.
Álex Daquilema Guanolema, de cinco años, y Luz Nancy Guanolema Guaraca, de seis, eran primos. Crecieron juntos bajo el cielo de Chimborazo, compartiendo juegos y la inocencia propia de su edad. Sin embargo, esa unión se selló trágicąm3nte el pasado jueves 11 de diciembre de 2025. Lo que debía ser un día cualquiera en el campo terminó en fatalidad cuando las aguas frías de un reservorio de riego agrícola ap4garon sus risas para siempre.
El drąma se intensificó por las distancias y el aislamiento. El padre de uno de los menores relató, con la voz quebrada por la imp0tencia, que el destino fue cru3l con él: al momento de la trag3dia se encontraba lejos de casa, trabajando en una zona sin señal telefónica. No supo que su mundo se derrūmbaba hasta que regresó y recibió la noticia que ningún padre debería escuchar jamás.
Un pueblo unido en el d0lor, ya que este sábado 13 de diciembre, Pull Chico se vistió de lut0. Los comuneros, const3rnados, no dejaron solos a los deudos. En un acto de profunda solidaridad andina, vecinos y amigos llegaron con víveres y palabras de aliento, intentando sostener a quienes sentían que las fuerzas les faltaban.
Las escenas durante las honras fún3bres fueron conm0vedoras. No había palabras suficientes para calmar el lląnto de las madres y padres frente a los pequęños fér3tros. Tras el velorio, una caravana de d0lor trasladó a los niñ0s hasta una iglesia cristiana de la localidad, donde se elevaron oraciones buscando paz para sus almąs. Finalmente, el cortejo fún3bre avanzó hacia el cem3nterio de Guamote, donde Álex y Luz recibieron el último adiós, quedando juntos en la memoria de su pueblo.
Una reflexión necesaria
La partïda de Álex y Luz nos deja una lección dol0rosa que no podemos ignorar. Su ausencia nos recuerda la extrema frägilidad de la infäncia y cómo, en cuestión de segundos, el entorno cotidiano puede convertirse en un ri3sgo m0rt4l.
El agua, fuente de vïdą para nuestros campos, se tornó esta vez en trampa. Este suceso debe ser un llamado urgente a la conciencia de todos los adultos: los niñös requieren una supervisión constante, ojøs que no se aparten y manos siempre listas para protegerlos. Cuidar de ellos es una misión que no admite distracciones, para que ningún otro juego termine en silencio.