Las herencias, un punto que divide y rompe a las familias

Lo que separa a las familias la mayoría de las veces son las herencias. Esto no porque falte amor, sino porque cuando el dinero entra en juego, el recuerdo se vuelve negocio y el dolor se convierte en disputa.

Una herencia debería ser un acto de memoria y gratitud, pero muchas veces termina sacando lo peor: reproches antiguos, envidias escondidas y palabras que ya no se pueden borrar.

No olvidemos algo importante: Las casas se venden, el dinero se acaba, pero las familias rotas casi nunca vuelven a ser las mismas.

Vale más una mesa compartida, una llamada sincera y la paz entre hermanos que cualquier propiedad que termine comprando rencores y silencios.

🤍 Que el amor pese más que la herencia. Porque cuando un padre se va, lo último que merece es que su recuerdo sea la causa de una familia dividida.

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