En el sur Occidente de Quito, en la parroquia de Lloa, en una caverna natural, la oscuridad es absoluta, el agua llega hasta las rodillas y apenas la luz de las linternas permite seguir el camino por un túnel de 432 metros de longitud. El sonido del agua acompaña como un murmullo permanente que se hace más intenso a cada paso.







El frío también se siente distinto. Unos metros más adelante, termina el túnel de cemento y las paredes de roca se abren formando cavernas de cuya piedra brotan hilos de agua cristalina y pura. Basta permanecer unos minutos en silencio para comprender la grandeza del lugar: aquí nace el agua del sur de Quito.
Un grupo de trabajadores de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento Epmaps – Agua de Quito ingresa en este santuario natural cada cuatro meses con su traje de caucho que los cubre desde los pies hasta el pecho; casco y linterna, para realizar el mantenimiento y limpieza del Pogyo – Garzón, una fuente u ojo de agua natural que emerge en las faldas del volcán Guagua Pichincha, en la parroquia rural de Lloa.
Retiran sedimentos naturales, verifican el estado de la estructura y aseguran la calidad del agua que continúa su viaje hacia la ciudad. El mantenimiento preventivo permite preservar las condiciones con las que esta fuente subterránea entrega el agua desde su origen. «Nuestro trabajo es dar vida y amamos poder hacerlo», dice Gioconda Ayala, jefa del Sistema de Conducciones Occidentales.
En 1984 se construyó este túnel de conducción de 432 metros para captar el agua directamente en su origen y protegerla durante su recorrido. Son 55 litros por segundo que alimentan el canal de Lloa y aportan al abastecimiento de la Planta de Tratamiento El Placer, Chilibulo y varios tanques de distribución que sirven al centro y sur de Quito. Solo en la zona suroccidental de la ciudad, este sistema beneficia al 9% de la población, alrededor de 280 mil personas.
Mientras avanzan por el túnel, a 3.174 m.s.n.m., los equipos técnicos saben que no están limpiando únicamente una estructura construida hace más de cuatro décadas. Están cuidando el lugar donde comienza el recorrido del agua que, pocas horas después, llega a los hogares del centro y sur de Quito.
Para que el agua continúe brotando desde el interior de la montaña, la Epmaps trabaja junto al Fondo para la Protección del Agua (FONAG) con las comunidades para realizar acciones que protegen al páramo, así como en acuerdos de conservación con propietarios y comunas, que permiten preservar el equilibrio natural que alimenta estas filtraciones subterráneas.
Cada gota que nace en esta montaña depende del cuidado de los ecosistemas, del trabajo permanente que realiza la Epmaps para proteger el agua y el uso responsable que hacemos los habitantes de la capital. Durante la época seca, el consumo de agua en la ciudad es aún más indispensable.
Por ello, cuidar del agua en este verano es rendir tributo a quienes sacrifican todo y se sacrifican por hacer que el agua llegue a cada una de las familias quiteñas. Detrás de cada gota, hay una historia de esfuerzo que merece contarse y que se debe recordar.