Una colega Comunicadora denuncia con indignación, rabia, impotencia y coraje, que su esposo fue secuestrado, agredido, golpeado y estorcionado durante 6 horas en Quito.
Luego de vivir horas llenas de angustia en la que los secuestradores sacaron el dinero de sus cuentas y robarle su vehículo, le dejaron botado atado de pies y manos en el borde de una quebrada en el Sur de Quito.
A pesar de que denunció este lamentable hecho al sistema 911, no tuvimos ayuda de la Policía Nacional relata indignada la Comunicadora.
Les invitamos a conocer su testimonio:
Fuimos victimas de la inseguridad que reina en este país, la tierra de nadie.
Un día simple, una persona normal buscando el sustento para su familia. Mi esposo, fue secuestrado, amenazado, golpeado, estorcionado. Las largas horas que duró el secuestro se sintieron infinitas, él, en medio de golpes, amarrado de pies y manos y con una soga al cuello, escuchaba repetidamente: Si no colaboras te vamos a matar, si no colaboras buscamos y matamos a tu familia …
En los pies del asiento posterior de nuestro vehículo, botado como cualquier objeto, fue víctima de golpes insistentes, golpes físicos y emocionales. Un espacio pequeño en el cual se mantuvo por mas de 6 horas donde los secuestradores se paseaban por el sur de la ciudad, mientras sacaban el dinero de las cuentas, revisaban su celular íntegro y buscaban el dispositivo de rastreo.
Tuvieron la osadía de ir a la casa de uno de ellos a buscar herramientas para desarmar la parte eléctrica del vehículo y asegurarse de quitar el dispositivo. No puedo ni imaginar el horror y desesperación de las horas vividas.
Ellos, entre drogas y amenazas, grabaron un video obligando a mi esposo a pedirme dinero, esto acompañado de audios que me llegaron a la madrugada y en medio de la desesperación, del no saber que hacer, acudí a pedir auxilio al 911, quienes tomaron mis datos y de mi esposo pero nada más, cero instrucciones nada de ayuda.
Después de agustiantes horas, llegó la llamada de mi esposo, a quien lo habían dejado en libertad al sur de Quito. Amarrado y con la cabeza tapada, sin antes quitarle todas sus pertenencias y llevarse nuestro auto. Lo único que pusieron en el bolsillo de su camisa, fueron las fotos de nuestros hijos, un pequeño rasgo de humanidad? Así estaba mi esposo, al pie de una quebrada, esperando el golpe final sin saber si ese sería su último respiro se preguntó: Por qué así? Por qué a mí?
El disparo, no llegó, y ellos, los secuestradores, se fueron. Logró quitar sus ataduras y sin zapatos buscó ayuda, timbró en puertas que nunca abrieron, gritó «auxilio», pero nadie respondió, es de esperarse pues el miedo es lo que gobierna el país.
Finalmente después de mucho caminar llegó a la Av. Simón Bolívar, donde un joven, trabajador de lo único que ahí había por el sector, un motel, le brindo ayuda, con rostro de inseguridad y miedo. Un ángel para nuestra familia.
Los momentos posteriores tampoco fueron alentadores, la policía no quiso acompañarnos a buscarlo, pues «no es de su jurisdicción » el 911 pedía que él llamara, nadie hizo nada. Con miedo e incertidumbre, pues no sabíamos si realmente la pesadilla había terminado, fuimos a buscarlo al lugar señalado. Ahí estaba él, consternado pero vivo.
Luego de ese día hasta hoy, todo es burocracia, casi 5 horas de espera en fiscalia, nadie busca el carro pues los tramites se demoran, en las 3 Manuelas solo recibimos groserías por parte de sus funcionarios, nadie te orienta, nadie se solidariza.
En este país, aún buscando ayuda, siento que mas pesa la burocracia y prepotencia de los servidores públicos: 911, policía, policía comunitaria, fiscalia y peor aún las 3 Manuelas…. si no tienes «conocidos» nadie hace nada.
Ahora entiendo a la gente , a la familia de los desaparecidos, que buscan por su cuenta, investigan, agotan recursos … sobre el dolor que uno siente, te cae el peso de la corrupción y el silencio…. aún nadie hace nada… solo me pregunto, al igual que mi esposo: Por qué a mi? Por qué así?
