Opinión:
Por: Dr. JUAN MANUEL FUERTES
Ex Subsecretario de Gobernabilidad del Ministerio de Gobierno. Analista Político.
Ante la inexistencia de investigaciones técnicas que descubran los motivos fundamentales que incidieron para que en la última consulta popular promovida por el presidente Noboa, la mayoría de votos válidos se haya decantado por el NO; abundan opiniones intuitivas y escasean análisis rigurosos.
Considerando el contenido de las preguntas y las condiciones del escenario político en el que se desarrolló el plebiscito, su resultado constituye una derrota contundente para el gobierno. Tomando en cuenta que estos eventos tienden a evaluar políticamente al mandatario, el desenlace implica un reproche ciudadano que debe provocar, en el régimen, la revisión rigurosa de su desempeño.
En la naturaleza humana el poder político genera un atractivo especial, al punto que fácilmente desborda en abuso y provoca afán de ejercerlo a perpetuidad. Además, con las particularidades en las que se desenvuelve, el gobernante habita una burbuja distante de la realidad, construida por su corte complaciente que instala un cerco físico y mental, entre la intriga y los celos de palacio; fortalecida por la pompa, la ceremonia, los adulos de simpatía o conveniencia. Todo lo cual, desencadena un alto grado de vanidad y soberbia, que conduce a no querer escuchar ni aceptar verdades incómodas.
En el transcurso de estos días, la reacción del oficialismo ante la derrota aplastante del pasado domingo, demuestra que el gobierno carece de la humildad necesaria. Al parecer el resultado plebiscitario no ha constituido el cable a tierra que se esperaba. No hay autocrítica ni apertura a la crítica. Buscan generosas explicaciones para minimizar el resultado.
Con sobrada razón, frente a la vanidad y la soberbia que genera el poder, los romanos practicaban el “memento mori”. Cuando los generales victoriosos desfilaban triunfalmente entre las aclamaciones de la multitud, un esclavo se encargaba de susurrarles al oído: “recuerda que morirás”, no solo como evocación de lo efímera que es la vida, sino como un antídoto ante la pedantería que el éxito circunstancial genera, en mentalidades veleidosas.
Juan Manuel Fuertes

