Hay sonrisas que lo dicen todo. La de Thiago, sin
duda, es una de ellas. Cuando sonríe, intenta ponerse de pie o se emociona al escuchar una voz conocida, pocos imaginan la historia que se alberga en esos pequeños y, a la vez, grandes logros.





Apenas tiene 5 años y cada paso, gesto y sonido representan una victoria frente a años de abandono, dolor y una lucha constante por sobrevivir.
La madre se marchó. El padre consiguió un trabajo lejos de casa para buscar el sustento diario y dejó al niño al cuidado de la abuela.
Durante años, la mujer se dedicó al cuidado del niño. Cuando su padre empezó una nueva relación sentimental, pasó a convivir con una mujer que, según relataron vecinos, lo maltrataba constantemente.
El golpe que cambió la vida de Thiago
Un día, de acuerdo con la versión que dio la mujer, Thiago se cayó mientras jugaba en el piso. Sin embargo, la gravedad de la lesión despertó muchas dudas.
El golpe provocó una deformación en el cráneo. Parte de la estructura ósea quedó comprometida y la cabeza presentó una alteración física.
Según la familia, uno de los médicos que evaluó al niño indicó que la magnitud de la lesión era comparable a la de una caída desde un segundo piso.
La madrastra de Thiago nunca regresó. Su padre lo dejó nuevamente bajo el cuidado de la abuelita. Fue entonces cuando comenzó una lucha silenciosa.
Con escasos recursos económicos, la mujer recorrió hospitales, instituciones públicas y diferentes entidades en busca de ayuda para su nieto. Tocó puertas durante meses. Escuchó negativas. Esperó respuestas que no llegaron.
Mientras tanto, la salud de Thiago se deterioraba.
Las convulsiones se habían convertido en parte de la vida cotidiana. Llegó a sufrir hasta 40 crisis al día.
La carta que cambió el destino de Thiago
Cuando parecía que las opciones se agotaban, una amiga de la mujer le sugirió acudir al Municipio de Quito. La abuela del niño escribió una carta al Alcalde de Quito Pabel Muñoz relatando la situación y le pidió ayuda.
Días después, ella recibió una llamada. El caso fue revisado y atendido por profesionales de la Unidad Patronato San José Quito, quienes empezaron la gestión y, a través de la articulación con actores externos, lograron el apoyo de la Fundación Metrofraternidad.
El personal de la organización respondió y convocó a la primera valoración de Thiago para seguir el proceso para la operación, así como la recuperación del niño.
La respuesta fue rápida y, una semana después, Thiago ingresó al quirófano para reconstruir parte de su cráneo mediante la colocación de una prótesis especializada.
Poco a poco, el niño comenzó a mostrar señales de recuperación. Las convulsiones disminuyeron hasta llegar a seis episodios diarios. Él empezó a
sonreír, a jugar, a interesarse por el entorno y recuperó movimientos.
Sin embargo, el camino de recuperación es largo. Su abuelita detalla que, ahora, las terapias son la herramienta más importante.
Todos pueden apoyar
Thiago recibe apoyo de la Secretaría de Salud Quito, como terapia física y de lenguaje. A la par, a diario, sus familiares realizan ejercicios en casa con todo lonaprendido durante las consultas médicas. Los especialistas han sido claros: de ese proceso depende que el niño camine.
Thiago también necesita medicación permanente y pañales.
Los resultados comienzan a evidenciarse. Thiago ya logra mantenerse de pie durante algunos instantes. Su tronco muestra mayor estabilidad, responde a estímulos, se emociona e interactúa.
Su abuelita lo imagina caminando, entrando a la escuela sin necesidad de asistencia permanente. Ahora, además, ella también recibe atención de lo
profesionales de Salud del Municipio de Quito.